Las prácticas de ” Danzas Circulares del Mundo” las inició
Bernard Wosien (1908-1986) quien fue bailarín, coreógrafo, maestro de danza y
artista plástico. Nació en Passenhien, Bavaria, al Este de Prusia, Alemania.
Estudió Teología, Danza, Historia del Arte y Pintura en la Universidad de
Bresalau y en la Academia de Arte de Berlín.
En nuestra primera infancia las rondas fueron una instancia
significativa que nos permitió incursionar en la alegría que proporciona el
contacto, la sonrisa compartida, el movimiento sincronizado con otros. Provenientes
de distintos pueblos nos remiten a un contenido rico y simbólico y podemos llegar a estados de profunda conexión
con nuestra esencia individual y colectiva.
La danza circular es fundamentalmente meditación en
movimiento. Meditar es entrar en profundo contacto con uno mismo. Esto es lo
que nos ocurre cuando danzamos en círculo. Poco a poco la consciencia intelectual
de nuestro cuerpo se va tornando en consciencia sensorial, la música se apodera
de él y ejecutamos la danza sólo sintiendo como nos movemos, dejándonos llevar
por la memoria muscular y la sensación del ritmo. El objetivo no está en lograr
la perfección, si no en recuperar algo que se ha perdido en la vida moderna: el
sentido de comunidad, de pertenencia a un grupo. La conciencia individual moviéndose
en armonía con la danza de la vida y el mundo circundante.
Cerramos nuestros encuentros con una danza circular para
facilitar la transición del viaje profundo de la meditación en una postura
sentada, introspectiva, a una actitud dinámica, expansiva e inclusiva que surge
de nuestro punto de equilibrio interior.











